Si eres un futuro maestro, tanto de educación infantil como de primaria, seguro que una de tus prioridades está en encontrar una fórmula que motive a tus alumnos y les permita acceder al conocimiento de una forma más rica y experiencial. Las metodologías activas de aprendizaje surgen, precisamente, como respuesta al modelo rígido de estudio basado en la mera exposición de contenidos y su memorización, ¡por eso son cada vez más populares y se aplican en un mayor número de escuelas!

Sin embargo, este enfoque más experiencial de la enseñanza no es algo tan novedoso como se pudiera pensar. Sí es cierto que la tecnología, por ejemplo, ha introducido nuevas posibilidades didácticas en el aula, pero ya desde finales del siglo XIX empezaron a surgir voces que buscaban en la exploración, el descubrimiento y la autonomía una vía distinta hacia el conocimiento. En este sentido, seguro que conoces el método Montessori, que es uno de los más populares y que ha logrado expandir su modelo de enseñanza a escuelas de todo el mundo, 57 de ellas en España.
¿Qué son las metodologías activas de aprendizaje?
La búsqueda de un papel más activo del estudiante en su proceso formativo es, posiblemente, el factor que mejor define a las metodologías activas de aprendizaje. Al asumir esa nueva implicación surgen, eso sí, gran cantidad de preguntas que afectan a muchos elementos que forman parte del ecosistema educativo: cuál es el rol del profesor, cómo deben concebirse el espacio y los recursos didácticos, qué tipo de competencias se busca potenciar y, sobre todo, qué tipo de metodología es la más adecuada para cada etapa de desarrollo.
En general, todas las metodologías activas de aprendizaje se centran en alcanzar una adquisición de conocimientos más eficiente para el alumno, y siempre lo hacen desde una perspectiva participativa, reflexiva y práctica. De alguna forma, se alejan del qué para acercarse más al cómo, y rechazan la simple exposición de información para adentrarse en un espacio en el que el propio estudiante construye su proceso de aprendizaje: a partir de aquí, el foco dejará de estar en el enseñar y pasará siempre a estar en el aprender.
Existe un extenso abanico de metodologías activas de aprendizaje, cada una con sus matices, pero todas tienen en común el papel del profesor como guía, la necesidad de cultivar habilidades o competencias, y la construcción de un proceso de aprendizaje significativo. Entre las metodologías más populares, destacan las siguientes:
- Aprendizaje basado en proyectos o ABP, donde los estudiantes trabajan a partir de un proyecto real o simulado. Por ejemplo, se les plantea la necesidad de lanzar una campaña de concienciación sobre un tema específico, y a partir de ahí deben colaborar, investigar y profundizar en la materia para responder al reto planteado.
- Aprendizaje basado en problemas, similar en esencia al ABP y que tiene como objetivo la búsqueda de la mejor solución posible a un reto planteado, en términos de eficiencia o de simplicidad.
- Aprendizaje basado en juegos, también conocido como gamificación, donde el uso de recompensas, puntos o niveles acompaña el progreso del alumno.
- Aprendizaje-servicio, donde los proyectos aparecen ligados a algún tipo de servicio comunitario o social, de manera que se fortalecen valores como la cooperación, el compromiso o la búsqueda del bien común.
- Clases invertidas, llamadas en inglés flipped classrooms, donde el espacio de aprendizaje se traslada fuera del aula. De esta manera, por ejemplo, se espera que el estudiante invierta el tiempo de investigación, estudio y actividad fuera de la clase, dejando esta únicamente como un lugar de encuentro para la resolución de dudas o puesta en común.
Beneficios de las metodologías activas de aprendizaje
Como ves, son muchas las variantes que se han desarrollado y cada una cuenta con sus matices propios. Eso sí, prácticamente todas tienen en común el papel del profesor como guía e impulsor del proceso de formación, así como la importancia atribuida al pensamiento creativo, la curiosidad, el trabajo personal y, sobre todo, al proceso de descubrimiento.

Y estas son solo algunas de las características que definen a las metodologías activas de aprendizaje cuya aplicación en el aula, sin embargo, ha demostrado ser beneficiosa a muchos otros niveles ya que:
- Permite prescindir del modelo clásico de clase magistral y asistencia pasiva por parte del estudiante
- Favorece el aprendizaje autónomo y la retención de conceptos
- Potencia la comunicación, la colaboración entre compañeros y anima a la participación activa
- Fortalece el pensamiento crítico, orientando el trabajo a la presentación de un proyecto o a la resolución de un problema
- Contempla los intereses y el criterio del propio estudiante, incorporándolos al proceso de aprendizaje
Sin duda, el mundo educativo ha vivido una auténtica revolución en los últimos años, y la incursión de las Nuevas Tecnologías no ha hecho más que acelerar el cambio: ¿será el futuro del conocimiento inevitablemente cooperativo, deductivo y social? Lo cierto es que, desde la Universidad CEU Fernando III de Sevilla, seguiremos apostando por una educación en valores y decididamente humanista, ¡en la que el estudiante se encuentre siempre en el centro de todo proceso de aprendizaje!




