Con motivo de la festividad de su patrón, San Lucas (18 de octubre), y fruto de su compromiso y respeto por la vida humana, la Facultad de Ciencias de la Salud y de la Vida de la Universidad CEU Fernando III ha celebrado el acto de adhesión al Movimiento Hipocrático. Un encuentro en el que se ha inaugurado el busto de Hipócrates y se ha traído un platanero de la isla de Cos (Grecia) que, próximamente, se plantará en las instalaciones del Campus.

La sesión estuvo presida por José Alberto Parejo Gámir -rector de la Universidad-, Felipe Martínez Alcalá -decano de la facultad- y José María Cruz Fernández -presidente de la Asociación del Movimiento Hipocrático-.
Pilares del Movimiento Hipocrático: Empatía, confidencialidad y respeto en la atención sanitaria
El presidente de la Asociación del Movimiento Hipocrático subrayó la vigencia de los principios fundamentales de la medicina, recordando que las funciones y obligaciones del médico trascienden el paso del tiempo. Señaló que, aunque los avances tecnológicos y los cambios sociales han transformado la práctica médica, la esencia del juramento hipocrático sigue plenamente vigente, centrada en favorecer siempre el bienestar del paciente. En este sentido, destacó valores como la empatía, la confidencialidad y el respeto a la vida, pilares que continúan guiando el ejercicio profesional y que impregnan, además, una dimensión profundamente humana y ética en la atención sanitaria.

Asimismo, Cruz Fernández insistió en la importancia de cuidar no solo la salud física, sino también el aspecto personal y emocional del paciente, adaptando estos principios a los tiempos actuales sin perder su esencia. En su intervención, recordó que el médico debe transmitir sus conocimientos y actuar de manera ética y responsable, siendo ejemplo de compromiso y servicio. “Los principios de la medicina —recordó— no envejecen; se renuevan con cada generación de profesionales que entiende su vocación como una forma de fe puesta al servicio de la vida”.
Por su parte, Martínez Alcalá centró su intervención en la figura de Hipócrates, considerado el padre de la medicina, recordando que el árbol bajo el cual enseñaba —el platanero de la isla de Cos— sigue siendo símbolo de sabiduría y de transmisión del conocimiento médico. Explicó que Hipócrates fue pionero en buscar causas físicas y racionales de la enfermedad, rompiendo con la idea de que el sufrimiento humano era un castigo divino. Su legado, representado en el juramento hipocrático, sigue siendo una referencia universal, no solo por su relevancia médica, sino también por su profunda dimensión ética y humanista, que coloca la dignidad del paciente en el centro de toda práctica clínica.

Asimismo, lamentó que gran parte de la medicina actual se haya deshumanizado, dominada en ocasiones por una tecnología mal orientada que erosiona la relación entre médico y paciente. En este sentido, hizo un llamamiento a recuperar el humanismo médico como una actitud vital y ética, basada en el equilibrio entre el conocimiento científico y la responsabilidad moral. Defendió que la medicina debe volver a su esencia: una disciplina centrada en la persona, donde la escucha, la empatía, la comunicación y la compasión sean tan importantes como el diagnóstico o la técnica. “El juramento hipocrático no es una fórmula simbólica —aseguró—, sino un modelo de conducta profesional que nos recuerda que curar no solo es aplicar un tratamiento, sino también comprender, acompañar y cuidar”.
De Hipócrates a la actualidad: Integrando ética y humanismo en la práctica médica
Para finalizar el acto, el rector Parejo Gámir subrayó que la adhesión al juramento hipocrático implica asumir un compromiso profundo con la ética y los valores fundamentales de la medicina, un compromiso que trasciende el aula y debe guiar toda la práctica profesional. Recordó que el ejercicio médico actual exige actuar con conciencia, responsabilidad y dignidad, priorizando siempre la dignidad del paciente por encima de cualquier interés personal o económico.


En sus palabras, afirmó que “la medicina no puede entenderse sin vocación de servicio; formarse éticamente es prepararse para servir a la sociedad”. Concluyó animando a los futuros médicos a construir su trayectoria profesional sobre un perfil tanto técnico como humano, donde la excelencia científica vaya siempre acompañada de la integridad moral y el compromiso con la persona.




