¿Y si la universidad fuera una palanca de emprendimiento, algo que supone mucho más que asistir a clase y aprobar exámenes? Imagina convertir una idea en un proyecto real, trabajar en equipo como en una startup auténtica y defender tu propuesta ante un jurado profesional. Ese fue el reto al que se enfrentaron los estudiantes que participaron en el Mini‑Startup Challenge, un evento práctico e intensivo, organizado por la vicedecana de la Facultad de Ciencias Empresariales y Jurídicas, Mar Parejo.

Durante una jornada completa, los alumnos salieron del aula para vivir de primera mano cómo se crea una empresa desde cero. El objetivo: experimentar, equivocarse, tomar decisiones y presentar una propuesta viable en tiempo récord.
La jornada, que tenía como objetivo fomentar el interés por el emprendimiento entre nuestros alumnos, comenzó con la presentación del reto de aprender bajo la premisa “Ganar dinero siendo estudiantes”. A continuación, los participantes asistieron a una mesa redonda de empresarios con Juan Ignacio Zoido, Jaime Roldán, Fátima Violadé y Arancha Manzanares, directora de la Escuela Politécnica Superior de la CEU UF3, quienes compartieron experiencias reales y valores clave para emprender.
Emprender desde la universidad: una experiencia real
El Mini‑Startup Challenge permitió a los participantes aplicar conocimientos técnicos al tiempo que desarrollaban competencias clave muy valoradas por las empresas: trabajo en equipo, negociación, pensamiento estratégico, comunicación, toma de decisiones y gestión del tiempo.
Además, utilizaron metodologías habituales en el mundo profesional como Design Thinking y Agile, aprendiendo a validar ideas y construir soluciones centradas en las personas.
Uno de los grandes valores del reto fue el trabajo en equipos interdisciplinares. Estudiantes de titulaciones tan diversas como Derecho, Inteligencia de los Negocios, Relaciones Internacionales o Ingeniería unieron fuerzas para crear proyectos conjuntos. Esta combinación de perfiles reflejó la realidad del mercado laboral actual, donde la colaboración entre disciplinas es imprescindible para innovar.

Roles reales para proyectos reales
Cada participante asumió un rol específico dentro del equipo —negocio, marketing, legal, operaciones o tecnología— replicando la estructura de una startup profesional. Además, el evento, centrado en el emprendimiento, contó con la participación de 20 responsables de tecnología integrados en los equipos, lo que reforzó aún más el enfoque práctico del desafío.

Empresarios y mentores coincidieron en destacar la importancia de esta diversidad de perfiles, una característica especialmente valorada en el entorno laboral y un elemento diferenciador para quienes buscan una formación universitaria conectada con el mundo real.
Inspiración de quienes ya lo han conseguido
Los ponentes compartieron sus experiencias personales, aprendizajes y valores clave del emprendimiento.
A lo largo del día, los equipos contaron también con el apoyo de expertos por área. Profesionales como Ana Fuentes, Ruth Tenorio, Carla Alonso o Antonio Galán acompañaron a los estudiantes en sesiones específicas según su rol, guiándolos en la definición del modelo de negocio, la estrategia de marketing o la solución tecnológica.
El corazón del Mini‑Startup Challenge fue el diseño del Business Model Canvas, una herramienta esencial para estructurar cualquier proyecto empresarial. Tras un primer checkpoint con un pitch de un minuto, los equipos afinaron sus propuestas hasta llegar al pitch final de tres minutos, defendido ante un jurado profesional.
Como parte del reto de emprendimiento, los estudiantes también grabaron un vídeo de su proyecto, pensado para su posible difusión en redes sociales, reforzando así habilidades clave como la comunicación audiovisual y la síntesis de ideas.
Premios, networking y aprendizaje para el futuro

El evento concluyó con la entrega de premios al primer, segundo y tercer mejor proyecto de emprendimiento, evaluados por criterios como la definición del problema, la propuesta de valor, la viabilidad y la calidad del elevator pitch. Las ideas ganadoras destacaron por su realismo y alineación con el reto planteado.
La jornada terminó con un espacio de networking y aperitivo, junto a la entrega de premios aportados por entidades colaboradoras como Real Fooding, productores de aceite o licencias premium de herramientas de inteligencia artificial.

El Mini‑Startup Challenge dejó claro que la universidad puede ser el lugar donde empiezan las ideas que cambian tu futuro profesional, acercando a los estudiantes a la realidad del emprendimiento y del mundo laboral desde el primer día.








