La educación emocional en las aulas fue el tema central de la charla impartida por Jesús Guillén, especialista en Neurociencia, que hizo reflexionar a los asistentes sobre esta cuestión desde un enfoque que engloba el cerebro y las emociones para completar el proceso de aprendizaje.

La charla fue organizada por la Facultad de Humanidades, Educación y Deporte y estaba dirigida principalmente a los estudiantes de los Grados de Educación, aunque también asistieron algunos del MAES y del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.
La jornada puso de manifiesto la importancia de que los futuros docentes comprendan cómo los procesos neurobiológicos y emocionales influyen directamente en la manera en que los alumnos reciben, procesan y consolidan la información.
La educación emocional en las aulas, como punto de partida en todo aprendizaje
Uno de los aspectos más destacados de la sesión fue el papel central que ocupan las emociones en cualquier proceso educativo. Tal y como subrayó el ponente, “la emoción actúa como el filtro a través del cual el cerebro interpreta la experiencia”. Esto implica que el estado emocional del estudiante condiciona de forma determinante su capacidad para prestar atención, recordar conceptos, resolver problemas o desarrollar la creatividad.

Cuando un alumno se siente seguro, motivado y reconocido, su cerebro activa redes neuronales que favorecen la concentración y facilitan la consolidación del aprendizaje. En cambio, situaciones de estrés prolongado, desmotivación o desconexión emocional pueden bloquear estas mismas capacidades. Este conocimiento, respaldado por la evidencia científica actual, permite a los docentes diseñar entornos de aprendizaje que potencien el bienestar emocional como punto de partida para un aprendizaje eficaz.
La idea principal que los alumnos se llevaron de la charla fue clara: enseñar no es solo transmitir contenidos, sino acompañar a personas que aprenden a través de sus emociones. Comprender este vínculo y potenciar la educación emocional en las aulas supone un cambio profundo en la manera de planificar la enseñanza y de interactuar con el alumnado.
Una educación informada por la neurociencia
No se trata de convertir al profesor en un especialista en neurociencia, sino en un profesional informado que utilice estos hallazgos para mejorar su práctica.

En este sentido, se ofrecieron diversas claves sobre cómo aplicar la neurodidáctica y fomentar la educación emocional en las aulas. Entre ellas, se destacó la necesidad de gestionar adecuadamente los tiempos de trabajo y descanso, de utilizar la emoción como herramienta para reforzar la memoria, de acompañar la frustración cuando aparece en el alumnado o de diseñar actividades que conecten con las experiencias personales de los estudiantes. Todas estas estrategias contribuyen a construir aulas más inclusivas, motivadoras y adaptadas a las necesidades reales del alumnado.
Los estudiantes asistentes valoraron especialmente este enfoque práctico, que les permite visualizar cómo pueden incorporar estos conceptos de la educación emocional en las aulas en su futura labor docente. La formación recibida les ofrece así una base sólida para planificar dinámicas de aprendizaje más efectivas y sensibles a las diferentes necesidades de sus alumnos.
Hacia una enseñanza más humana y transformadora
La interrelación entre cerebro, emoción y aprendizaje abre la puerta a una enseñanza más profesionalizada, a una educación emocional en las aulas consciente y efectiva. Tal y como se expuso en la sesión, enseñar es un acto profundamente humano, y por ello requiere comprender cómo funcionan los procesos mentales y emocionales que intervienen en el aprendizaje.

Integrar estos conocimientos de manera consciente puede transformar la manera de enseñar y generar un impacto significativo en el desarrollo personal y académico de los estudiantes. La neurociencia aplicada a la educación no solo ayuda a mejorar el rendimiento, sino también a promover el bienestar emocional, la autonomía y la motivación por aprender.
Para los futuros docentes, formarse en este ámbito de la educación emocional en las aulas supone adquirir una competencia clave que marcará la diferencia en su práctica profesional. A través de estrategias más empáticas, informadas y basadas en la evidencia, podrán contribuir a crear entornos educativos en los que todos los estudiantes tengan oportunidades reales de explorar, crecer y alcanzar su máximo potencial.




